Pinot Noir, de la cordillera a la comarca, la cepa fina que conquistó los suelos y el paladar del sur argentino.

Por Carolina Gonzalez

A caballo de una acidez natural única y una frescura inconfundible, esta variedad de origen francés encuentra en la Patagonia su expresión más elegante. Mientras las exportaciones marcan valores récord, en el mostrador local la demanda no para de crecer.

En El Bolsón, Camilo de Bernardi y en Viedma, Ahmed Direne, ambos productores vitivinícolas, destacan el crecimiento de la variedad en la región.

El calendario vitivinícola global reserva cada 18 de agosto para celebrar el Día Mundial del Pinot Noir, una de las cepas tintas más antiguas, exigentes y refinadas del planeta.

Originaria de la Borgoña francesa, esta variedad encontró en la Argentina un mapa ideal para su desarrollo, destacándose un polo de excelencia muy definido: la Patagonia.

La radiografía de los números
Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Vitivinicultural (INV), Argentina cuenta actualmente con 2.051 hectáreas cultivadas de Pinot Noir.

Aunque la provincia de Mendoza concentra el 74,8% de esa superficie —destinada en gran parte a bases para vinos espumantes—, la región patagónica se impone como el terroir por excelencia para la elaboración de vinos tranquilos de alta gama.

Dentro del mapa regional, Neuquén representa el 11,2% de la superficie nacional de esta variedad, Río Negro el 6,1% y Chubut el 2,2%. En esta última provincia cordillerana, el Pinot Noir constituye la variedad principal, abarcando más del 37% de su viñedo provincial.

El crecimiento en el mercado local e internacional respalda esta tendencia, en tanto el consumo interno en la última década, el consumo de Pinot Noir en Argentina registró un incremento de casi el 97%, posicionándose entre los varietales de mayor expansión.

Así mismo, en el mercado externo las exportaciones alcanzaron los 15.800 hectolitros, generando un ingreso superior a los 9,4 millones de dólares.

Como valor agregado, se puede reconocer que el Pinot Noir argentino cotiza a un precio promedio de 5,93 dólares por litro en el exterior, ubicándose un 71% por encima del precio promedio del resto de los vinos varietales exportados por el país.
Estados Unidos, Brasil y Canadá encabezan la nómina de los principales compradores.

La voz de los protagonistas
Más allá de los balances comerciales y los datos duros, el Pinot Noir patagónico se define en las hileras del viñedo y en la recomendación cara a cara del sommelier o el vinotequero.

La visión del productor cordillerano
En El Bolsón, Río Negro, Camilo de Bernardi —reconocido productor al frente de Bodega De Bernardi— analiza las particularidades que diferencian a esta cepa en el suelo patagónico.

—¿Cómo definirías vos a los vinos que da la Pinot Noir en la Patagonia?
—Al Pinot patagónico lo definiría por su tensión, por su pureza frontal y su elegancia austera.

—¿Por qué creés que está creciendo su cultivo en la región?
—Creo que encontró su lugar en la Patagonia por la gran amplitud térmica, por la maduración lenta que tiene y, obviamente, por los ejemplares que estamos produciendo.

La respuesta del mercado local
Al descender hacia la costa y la zona de valles inferiores, la mirada comercial de la capital rionegrina aporta datos concretos sobre la recepción que esta variedad tiene entre los consumidores.

Ahmed Direne, productor local y propietario de una reconocida vinoteca en la ciudad de Viedma, repasa el comportamiento del público.

—La Patagonia ofrece Pinot Noir destacado. Ahora bien, ¿el público viedmense elige Pinot Noir? ¿Conoce esta cepa?
—Sí, por supuesto. Por supuesto que tenemos excelentes Pinot en la Patagonia y por supuesto también que en Viedma el viedmense elige el Pinot Noir.

De hecho, nosotros tenemos la oportunidad de verlo en la vinoteca: siempre que reponemos stock es un parámetro, y en alguna encuesta interna que hemos tenido la suerte de realizar sobre el consumo, nos encontramos con que está en tercer orden, después obviamente del Malbec y del Cabernet Franc. El Pinot Noir es muy buscado.

La gente adopta esta cepa cuando quiere tomar un vino para empezar a tomar, o cuando busca algo mucho más fácil, más refrescante, y se amiga mucho con la idea de que sea un Pinot Noir.

Además, el turismo que llega a la ciudad, cuando elige llevarse productos locales en lo que respecta a vinos, principalmente elige Pinot.

—¿Cómo definirías vos a los vinos que da la Pinot Noir en la Patagonia?
—He tenido la suerte de probar bastante y entiendo que tenemos una ubicación que, por sus características geográficas y climáticas, nos permite hacer un Pinot que se destaque principalmente por su frutalidad y su frescura.

Nosotros no gracias a la altitud como se busca en otros lados, sino por la latitud sur, tenemos climas más fríos y gracias a eso podemos tener una acidez natural marcada que nos permite hacer que el Pinot tenga ese perfil frutal y esa tomabilidad.

Haciendo hincapié en la fruta roja, a diferencia de otros sectores como Mendoza que tienen un perfil de fruta roja más madura o pasada, en la Patagonia eso naturalmente tiende a ser una fruta fresca, como quien te dice una frambuesa o una frutilla recién cortada.

Y tenemos también toques terrosos, esos aromas a tierra o perfil de humedad que le aportan una complejidad característica. Eso lo hace excelente tanto para tomar como vino joven y fácil, como para lograr vinos complejos y de guarda.

Ya sea por la acidez natural que le confiere la latitud sur o por la paciencia que exige su maduración en los valles frios, el Pinot Noir ha dejado de ser una variedad de nicho para consolidarse como el gran sello distintivo del mapa vitivinícola austral.