Trayectorias escolares, burocracia y corresponsabilidad: cuando la escuela busca, insiste e informa, pero las respuestas del Estado no llegan de manera articulada.
Existe una contradicción que el sistema educativo necesita discutir seriamente: Se habla permanentemente de corresponsabilidad, pero cuando una trayectoria escolar se interrumpe o un estudiante se desvincula, demasiadas veces todas las miradas vuelven a caer sobre la escuela.
Entonces aparecen siempre las mismas preguntas: ¿lo llamaron?, ¿fueron a buscarlo?, ¿hablaron con la familia?, ¿hicieron el acta?, ¿informaron?, ¿volvieron a comunicarse?
Sí. La escuela llamó, buscó, insistió e informó. Una, diez y, si fue necesario, mil veces.
La pregunta que pocas veces se formula con la misma intensidad es otra: **¿qué hicieron los demás organismos con esa información?
Allí aparece uno de los principales problemas: información que no circula adecuadamente, organismos que no se comunican entre sí, intervenciones fragmentadas, criterios diferentes para situaciones similares, dificultades de articulación y ausencia de un seguimiento integral de las trayectorias más complejas.
También debemos hablar de control de gestión. No entendido como persecución de trabajadores, sino como una herramienta para conocer qué sucede después de cada intervención, qué organismo debe actuar, qué respuesta brindó y quién continúa acompañando cuando la escuela agotó las herramientas que tiene a su alcance.
Porque las escuelas también tienen un techo.
Existen situaciones de niñas, niños y adolescentes atravesadas por vulneraciones de derechos y problemáticas sociales, económicas y familiares que exceden claramente las posibilidades de intervención de una institución educativa.
Una dirección escolar no puede convertirse simultáneamente en Servicio Local, Desarrollo Social, Salud, Justicia y organismo de protección de derechos.
Sin embargo, mientras la articulación entre organismos presenta dificultades, sobre las escuelas crece la burocracia.
Planillas, relevamientos, informes, estadísticas y solicitudes que muchas veces llegan con carácter urgente, como si todo tuviera que estar resuelto “para antes de ayer”. Los equipos directivos terminan destinando una enorme cantidad de tiempo a demostrar una y otra vez las intervenciones que ya realizaron.
Y es necesario decirlo claramente:
Pedir información no es gestionar.
Acumular planillas no es acompañar.
Exigir respuestas no reemplaza la obligación institucional de construirlas colectivamente.
Resulta sencillo controlar hacia abajo. Mucho más importante sería fortalecer la circulación de la información, establecer criterios compartidos, mejorar la comunicación entre organismos y determinar claramente las responsabilidades de cada actor.
Si realmente queremos recuperar trayectorias escolares, debemos dejar atrás la lógica de encontrar rápidamente un responsable y comenzar a construir una corresponsabilidad real y efectiva.
Porque cuando una escuela buscó mil veces a un estudiante, la pregunta número mil uno ya no debería ser qué hizo la escuela.
La pregunta que debemos animarnos a hacer es:
¿Qué hizo el sistema con todo lo que la escuela informó?
Ahí también existen responsabilidades.
Y ya es hora de empezar a mirarlas.
Por Betina Paez
Editorial 02/10/2026
