Por Carlos Espinosa
Hace pocos días se conmemoró el 247 aniversario de la fundación de las dos ciudades hermanas ubicadas en el portal de la Patagonia: Viedma y Carmen de Patagones.
Bien sabido es que el jefe de la misión española que llegó a nuestras latitudes en abril de 1779 era don Francisco de Viedma y Narváez. Cuando paseamos por un tramo de la magnífica avenida costanera de Viedma atrae nuestras miradas su esbelta silueta convertida en monumento, allí sobre la ribera sur del río Negro.
Por la otra orilla, recorriendo el atractivo casco histórico de Carmen de Patagones nos encontramos con un expresivo busto en su memoria.
La figura del fundador está presente, no cabe duda, Pero: ¿cuánto sabemos sobre el motivo de su llegada a estas tierras, cuánto tiempo permaneció en este sitio, cuáles fueron sus principales preocupaciones, cuál fue el destino final de su vida?
Este artículo intenta responder a esos interrogantes y revelarnos aspectos muy interesantes de su personalidad.
Varios y calificados estudiosos de la historia analizaron en detalles el Operativo Patagonia que la corona española emprendió hacia 1776 con el objeto de extender el control hispánico en las desoladas costas patagónicas, territorio que hasta esos años sólo estaba poblado por habitantes indígenas, sin presencia europea.
Se trató de una operación de carácter político y social, para ocupar espacios y descomprimir la tensión que se vivía en algunas regiones de España donde el hambre acosaba a los campesinos; cuestión excelentemente descrita por Stella Maris Alvarez en “Carmen de Patagones y Viedma, una historia que fortalece 1778-1854 (edición de la autora, en Viedma, 2006) y Alberto De Paula en “Las nuevas poblaciones en Andalucía, California y el Río de la Plata 1767-1810” (Buenos Aires, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, 2000).
El diseño de la misión estuvo a cargo del ministro universal de Indias don José de Gálvez y el ministro José Moñino, conde de Floridablanca; pero los ejecutores fueron el marino Juan de la Piedra y el agricultor Francisco de Viedma.
De la Piedra tuvo desencuentros con Viedma y con el Virrey de Buenos Aires, Juan José de Vértiz; tras lo cual quedó desafectado de la operación, de manera que toda la responsabilidad recayó en definitiva sobre los hombros de Francisco de Viedma y Narváez, eficazmente secundado por el calificado navegante Basilio Villarino.
Andaluz y agricultor
El acta de nacimiento de nuestro fundador está fechada en Jaén, a 15 días del mes de enero de 1737, hijo de don Andrés de Viedma y doña Luisa Berdejo y Fajardo. La familia Viedma (o Biedma) tenía numerosas ramificaciones y se dedicaba a las explotaciones rurales, en ellas se formó don Francisco.
El 10 de junio de 1768, con 31 años de edad, se casó en la Villa de Mancha Real con Maria Teresa Gallegos Rodino. De los dichos de uno de los testigos del casamiento, Agustín Marín de Viedma, se desprende que desde su nacimiento y hasta esa fecha Francisco de Viedma y Narváez “no se ha ausentado nunca de su ciudad” (Artículo de Rafael Cañada Quesada reconocido historiador de Jaén).
¿Por qué fue convocado por el ministro Gálvez para la misión en la costa patagónica? Pedro de Angelis, primer historiador que se ocupó de su figura en el prólogo a la edición de la memoria de Viedma sobre las actividades en la región, cuenta algún detalle del encuentro entre el funcionario y el agricultor.
“Se excusaba Viedma ante el ministro por sus muchas atenciones de familia y su ninguna aptitud para esta clase de empleos. Pero Gálvez, cansado de la resistencia del andaluz cambió de tema de conversación y le preguntó en qué estado se encontraba su hacienda. Entonces Viedma, orgulloso de sus sembradíos le contestó que a fuerza de cuidados había logrado llevarla a un estado de prosperidad extraordinaria., y allí aprovechó el ministro para espetarle “esto es precisamente lo que el rey quiere que haga usted en la Patagonia” y sin más trámite le devolvió la renuncia”.
No hay ninguna referencia sobre antecedentes de Viedma en tareas de incumbencia política y, mucho menos, de fundación de pueblos de ultramar. De varios documentos se desprende que el agrólogo andaluz nunca había salido de su pueblo hasta 1778, cuando partió para Montevideo y la Patagonia. Un viaje que ya no tendría retorno a su terruño natal, pues los 31 años restantes de su vida los pasaría en América, en la Patagonia
primero y al pie de la cordillera del Tunari, de Bolivia, después.
En algunas citas biográficas se menciona que Viedma y Narváez era marino y militar, se trata de una interpretación errónea, era un hombre de tierra adentro.
El éxito de la misión en el río Negro
Cuando la expedición que encabeza Viedma llega a las costas del río de los Sauces, entre el 18 y el 19 de abril de 1779, una de las primeras observaciones del caballero andaluz está referida a la feracidad de las tierras que divisa y la abundancia de agua dulce.
Ya sabemos que el primer fuerte, de palo a pique, se empieza a levantar sobre la banda sur, pero la inundación del día 13 de junio obliga a realizar la presurosa mudanza a la margen contraria y enseguida anota Viedma que en ese nuevo sitio para el emplazamiento del fuerte “parece más regular que con algún trabajo se cultiven estas tierras cuya fertilidad promete abundantes frutos para la más populosa ciudad…”
Advierte más adelante que “el terreno (de la ribera norte) denota poca fertilidad, aunque se necesita más experiencia para asegurarlo, pero por la parte del Este hay unas vegas al margen del río, bastante dilatadas de terreno fertilísimo para cuanto se quiera plantar o sembrar y capaz de poder dar fruto para mantener un pueblo de más de cien vecinos, con cuyo auxilio y lo mucho que se puede sacar de la parte del sur, pues no tiene medida aquella campaña, ni se pilla más lejos que lo que media el río, tan fácil de pasar con embarcaciones, aseguran la subsistencia de la más populosa población en lo venidero”.
Esas anotaciones de la correspondencia de Viedma con el virrey Vértiz, en el invierno de 1779, no dejan lugar a dudas: nuestro fundador tenía una profunda convicción acerca del destino productivo de nuestra comarca.
Pero hay más. En nota a Vértiz del 19 de septiembre de 1780 describe sus iniciales experimentos de siembra de cereales. “Las semillas han producido excelentemente. Pues sembré el 19 de julio un puñado de trigo; nació, creció y espigó.
En la banda sur viene mejor. Este año sembré seis fanegas de trigo en cuatro diferentes calidades de tierra: 1) a últimos de mayo; 2) el 6 de junio; 3) a mediados de junio (va excelente) y 4) a principios de julio, ésta se ha perdido por las heladas. A últimos de octubre del año pasado sembré grano sólo en las islas: una sola caña dio 17 mazorcas. Todo se produce muy bien”.
Nótese que son apuntes del año 1780, primer antecedente de estudios de desarrollo agrícola en la Patagonia. ¡Mérito del ilustre andaluz! Finalmente, datos de noviembre de 1782, apenas tres años y algunos años después de la fundación.
Consta un informe del día primero de noviembre en el que Viedma informa sobre la faena de nueve reses vacunas “de las cuales se vendieron seis, al precio de doce pesos cada una”. Otro dato, la “noticia del trigo que han entregado en estos reales almacenes (se refiere al depósito del fuerte) los labradores del río Negro”.
El detalle presenta los nombres de los agricultores (todos ellos aquellos primeros colonos enviados por la Corona Española) y el detalle de la cantidad de fanegas (antigua medida de peso española equivalente 43,2 kilos) y de la sumatoria del documento se llega a la conclusión que aquellos labradores pioneros produjeron 1.441 fanegas, o sea más de 62 toneladas de trigo.
¡En 1782, aquí en Viedma y Patagones! Ese trigo fue enviado a Buenos Aires y agrega la crónica histórica que se pagó al precio excepcional de seis pesos la fanega por la calidad de su grano. Ese precio era el doble de lo que se estaba pagando el trigo cosechado en cercanías de Buenos Aires y fue el propio intendente de la Real Hacienda, Manuel Ignacio Fernández, el que puso el grito en el cielo, en una nota de queja a don Francisco de Viedma y Narváez.
Un informe revelador de sus quejas
En agosto de 1783 Viedma fue relevado de la comandancia del fuerte del Río Negro, siendo enviado por la corona a Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra (actual territorio del Estado Plurinacional de Bolivia) en carácter de gobernador e intendente.
Afecto a la redacción de prolijos informes, como ya se ha visto, con fecha 1 de mayo de 1784, poco antes de hacerse cargo de sus nuevas funciones, redactó en Buenos Aires su “Memoria dirigida al Señor Marqués de Loreto, Virrey y Capitán General de las Provincias del Río de la Plata, sobre los obstáculos que ha encontrado y las ventajas que prometen los establecimientos proyectados en la costa patagónica”.
El texto manuscrito, conservado en el Archivo General de la Nación, comienza con expresiones que no dejan lugar a dudas sobre los sentimientos contrapuestos que albergaban en su mente tras los casi 5 años transcurridos en la Patagonia.
Escribió Francisco de Viedma “El mucho amor con que he mirado los establecimientos patagónicos, por el conocimiento que iba tomando de las ventajas que podían producir al Estado, me empeñaba cada día más y más a sostenerlos; pero ni mis constantes esfuerzos, ni las repetidas representaciones con que hacía ver su importancia por los descubrimientos y experiencias de la producción de sus terrenos fueron capaces de contrarrestar el espíritu de oposición que les perseguía y al fin triunfó esta, dejándolos reducidos al extremo que hoy se mira”.
Agrega que “no obstante espero ha de ser la raíz que llegue a fomentar lo mucho que hemos perdido en su abandono; y a dar una verdadera luz y conocimiento de sus grades ventajas por medio de las elevadas prendas que adornan a V.E. capaces solamente de restaurar unos establecimientos que pueden servir de muro incontrastable a los enemigos de la Corona y de seguridad a esta Capital, de fomento a su comercio…”
Queda claro que las cosas no fueron fáciles para nuestro ilustre fundador y que se alejó de nuestra
Comarca con no poco enojo y frustración; como suele ocurrirle a los grandes emprendedores.
De la costa del mar a las montañas
Una vez más el agricultor andaluz demostró su capacidad de adaptación. Entre 1778 y 1779 había cambiado los soles bondadosos de Jaén, en Andalucía, España, por los fríos vientos costeros de la Península de Valdés primero y por la abrigada ribera del río de los sauces después; pero este nuevo traslado lo obligó a soportar 2.500 metros de altura sobre el nivel del mar y un régimen de lluvias copiosas, con más de 5.000 milímetros de precipitación anual.
Acostumbrado durante cuatro años a los infinitos atardeceres sobre el horizonte patagónico debió habituar sus ojos al paisaje de la región sub andina boliviana, con el cielo encajonado entre las altas montañas que rodean a la población.
El nombre de la ciudad de Cochabamba proviene de la unión de dos vocablos quechuas: q’ucha (lago, laguna o charco) y panpa (llanura, pampa o lugar plano). Traducido, significa «pampa o llanura con muchos charcos» o «lago-llanura», haciendo referencia a su geografía de valles húmedos. La población reconoce como primera fundación la fecha del 15 de agosto de 1571, por el capitán Jerónimo de Osorio, con el nombre de Villa de Oropesa; y una segunda instalación el primero de enero de 1574, a cargo de Sebastián Barba de Padilla.
Viedma y Narváez dispuso honrar la fecha original y ordenó que cada 15 de agosto se realizara, en el Paseo de la Alameda un desfile de los habitantes con sus más elegantes vestimentas, la tradición se mantiene, más de dos siglos después.
Las funciones de Viedma en Bolivia se prolongaron hasta su muerte, el 28 de junio de 1809, allá mismo en Cochabamba. Había nacido en 1736 y de los 73 de su vida transcurrieron más de 30 en tierras americanas, sin regresar nunca a Jaén. En aquella bella ciudad española, que este cronista pudo visitar, el apellido se mantiene presente en el nombre de una gran ferretería, pero escrito con “B” como Biedma; en Úbeda, a solo 49 kilómetros de Jaén, está instalada la gran tienda Casa Biedma.
Se explica que el apellido de la familia jienense (gentilicio de Jaén) se escribe con “B” pero que nuestro fundador, don Francisco, prefería firmar con “V” y por lo tanto se debe respetar esa forma de escritura.
Un hospital emblemático
En la actual geografía urbana de Cochabamba hay una avenida que lleva el nombre de Francisco de Viedma: pero la referencia permanente entre los casi ochocientos mil habitantes es el Hospital Público Viedma, un complejo de servicios para la salud que en años recientes fue totalmente remodelado y en la actualidad ofrece capacidad para las más complejas prestaciones.
La mayoría de los transportes públicos de pasajeros cochabambinos llevan en su cartelería, con letras
grandes, la palabra “Viedma”, para indicar que llegan hasta el mencionado centro de salud.
El origen de esta denominación es apropiado, porque el propio Viedma antes de morir, en 1809, dejó como herencia su residencia y pequeña hacienda “a la casa de Huérfanos que por amor al bien público y al recto orden del Estado me he comprometido a establecer y para lo cual tengo la real aprobación de Su Magestad».
En ese mismo sitio se instaló, a mediados del siglo 19, el primer hospital público de Cochabamba, pero se conservó la antigua capilla originalmente levantada por el pionero andaluz, en donde se habría de encontrar-hacia 1977- el sepulcro de sus restos.
En un sector del antiguo hospital funciona actualmente el Museo de Historia de la Medicina don Francisco de Viedma, que es una institución única en su tipo en el cono sur de América.
Viedma en la historia Boliviana
Para conocer el lugar que ocupa la figura de don Francisco de Viedma y Narváez en la historia de Bolivia este cronista consultó al calificado historiador boliviano Gustavo Rodríguez Ostria, catedrático de la Universidad Mayor de San Simón, colaborador de diversos medios periodísticos y ex viceministro de Educación Superior de su país.
“La historia boliviana tiene varias lecturas, pero en general es poco hispanista. Los historiadores tienen (tenemos) una orientación más hacia una mirada indígena. A Viedma y Narváez en el siglo 19 se lo presentaba como un filántropo. Se dice que tenía hábitos patriarcales, y su recuerdo se transmite rodeado de una aureola simpática y benigna”, sostuvo el especialista.
Agregó que “Viedma no es una figura nacional; lo es más bien regional, es decir en Cochabamba. La razón principal es que Viedma se preocupó de la zona del actual Chapare, donde se produce ahora la coca, situación que es vista como un antecedente de la colonización de esa región”.
Para Rodríguez Ostria “prevalece la imagen de un Viedma borbónico e ilustrado y buen administrador. Quizás si hay algo nuevo es en referencia a su propuesta sobre los indígenas y la política misional, que intentaría presentar un Viedma más protector.”
Destacó en este sentido la relación del gobernador intendente con los indios yuracarés (etnia original de la región, más tarde desplazada por el pueblo aymara, de la cual hoy sólo subsisten unos dos mil descendientes) “porque se preocupó mucho por vincular la zona tropical de Cochabamba con los valles cerealeros. Supuso que en la zona tropical, entonces inexplorada y sin presencia española, se podía plantar coca, algodón y cacao; y para colonizarla envió a los Franciscanos del convento de Tarata a fundar Misiones para reducir a los indígenas.
Las misiones finalmente no prosperaron, en parte por la falta de recursos económicos, por la mala planificación y sobretodo por la larga tradición nómada de los yuracarés, habituados a la caza y a la pesca, que no pudieron adaptarse a la vida sedentaria y religiosa”.
Un Gobernador que estudiaba y planificaba
Durante su gestión como comandante del fuerte y población de Nuestra Señora del Carmen, entre 1779 y 1783, Viedma se ocupó de la planificación territorial y del fomento de la agricultura, con los primeros sembradíos de trigo en terrenos bajos de Carmen de Patagones.
En Cochabamba se vuelve a ocupar de estos asuntos, previa realización de un pormenorizado estudio de toda la región elevado a la corona en enero de 1788 con la denominación de “Descripción Geográfica y Estadística de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra”, que ocupa un destacado lugar en la colección Pedro De Angelis de documentos coloniales.
“No podemos prescindir de ponderar el mérito de este informe, en que, cumpliendo con uno de sus más importantes deberes, bosqueja con fidelidad el cuadro de una provincia hasta entonces ignorada. En él examina su situación geográfica, su organización administrativa, sus recursos naturales, y manifiesta todos los obstáculos que traban sus progresos proponiendo los arbitrios que debían emplearse para vencerlos”. expresó De Angelis como prólogo a su primera publicación en 1836.
Pero hay otros elogios, mucho más recientes, que provienen de la académica española Purificación Gato Castaño, doctora en Ciencias de la Educación de la Universidad de Extremadura, en su artículo “Viedma, intendente de Santa Cruz de la Sierra” describe una serie de medidas a favor del indio” (publicado en el Anuario de Estudios Bolivianos, Archivísticos y Bibliográficos) que llegó a manos de este cronista por gentileza de Rodríguez Ostria.
Dice la estudiosa que “después de leer y releer varias veces este Informe que venimos comentando (se refiere a la citada Descripción Geográfica…) me parece que el gobernador Viedma donde acusa mayor sensibilidad es al salir en defensa de la libertad del indio pues está más que convencido que nada es más precioso al hombre que la libertad con que Dios lo ha criado” (Cita textual de Viedma).
Agrega Gato Castaño que “en esta misma línea está latente., en su defensa del indio, el principio que sostiene que la tierra es para el que la trabaja y por eso su lamento de la usurpación que sufren los indios originarios sin que tengan estos donde poder sembrar” (ídem anterior).
Estas referencias contribuyen para formarnos idea acerca del desempeño laborioso de don Francisco de Viedma y Narváez en aquellas tierras tan distantes del enclave colonial patagónico que lleva su nombre y reconoce su obra fundacional.
Un perfil que lo ennoblece y bien puede llenarnos de orgullo a quienes, hoy a 247 años de su instalación en el Valle Bajo del río Negro, tratamos de reivindicar el origen de aquel momento en el marco de un proyecto de desarrollo agrícola.
Para los historiadores citados, fuentes objetivas y ajenas a la pasión de este cronista, Viedma fue un administrador ejemplar, con ideas muy progresistas para su época. En buena hora que revaloremos su figura, en estos tiempos en que todo parece medirse con la vara de los intereses financieros y las explotaciones extractivistas sin el agregado del valor del trabajo humano.
Acerca del monumento y los restos fúnebres de Don Francisco
En el encabezado de esta nota se ha mencionado el monumento en homenaje a don Francisco de Viedma, erigido en 1979 en el sitio aproximado de la fundación original de la actual capital rionegrina.
Vicente “Tito” Naím Pérez, recordado vecino de la Comarca, fue parte del grupo promotor para la creación e instalación de esa obra alegórica. En una entrevista de hace más de una década lo recordaba de esta manera, y de su relato surge una circunstancia muy especial en relación con los restos fúnebres de Francisco de Viedma.
“En 1977 yo era presidente de la cámara de Comercio y realizábamos muchas gestiones por Viedma; pero, además, siendo amigo del padre (Raúl) Entraigas, gran historiador, tenía conocimiento de la proximidad del bicentenario de la fundación. Entonces nos empezamos a juntar con un grupo de vecinos, con participación en diversas entidades, y decidimos formar esa comisión a la que le pusimos de título: del Bicentenario de Viedma; faltaban dos años y ya empezábamos a trabajar” inició su relato Naím Pérez.
Añadió que “una de las primeras inquietudes fue encontrar los restos de don Francisco de Viedma y Narváez y como, por el padre Entraigas, teníamos conocimiento de su muerte en Cochabamba, en Bolivia, hicimos contacto con las autoridades de esa ciudad y, en particular, del hospital que lleva su nombre”.
Esa gestión se cumplió hacia septiembre de 1977 y dio lugar al hallazgo, en forma totalmente casual del sepulcro del ilustre fundador de Viedma y Patagones. El hecho está descrito en un recorte del diario “Los Tiempos”, de Cochabamba, con fecha del 14 de octubre de 1977, que el propio Vicente Naím Pérez tuvo la gentileza de proporcionar al cronista.
“Los restos del filántropo español don Francisco de Viedma, que vivió muchos años en Cochabamba, siendo su gobernador durante la época de la colonia y que falleció en el año 1809 fueron descubiertos ayer (13-10-77) en forma casual en un nicho ubicado en el ala izquierda de la capilla del Hospital Viedma en esta ciudad” señala la crónica del diario boliviano.
Sigue así. “El descubrimiento se realizó en forma casual, cuando el director de ese nosocomio, Dr.
Ciro Zabala, a instancias de un organismo cívico de la ciudad de Viedma, provincia de Río Negro, de la República Argentina, buscaba algunos datos bibliográficos sobre la personalidad del filántropo español.”
“Según narra el Dr. Zabala desde hace varios días pretendía conseguir alguna documentación y ayer, en horas de la mañana, en forma casual solicitó a uno de los funcionarios del hospital que observe el interior de la capilla, a fin de conseguir algunos elementos de juicio para cumplir el pedido que le habían formulado”.
“Cuando algunas religiosas y otros funcionarios del hospital empezaron a tantear la pared del ala izquierda de dicha capilla escucharon el sonido característico de vacío, situación que motivó que el Dr. Zabala instruya se proceda a retirar la capa de yeso en el lugar mencionado” se extiende el artículo.
Y aquí viene lo mejor. “La sorpresa de los funcionarios del (hospital) Viedma fue mayúscula cuando encontraron una pequeña lápida de color negro, con letras de bronce que dice: Homenaje de gratitud del pueblo de Cochabamba a su filántropo, benefactor e ilustre gobernador, don Francisco de Viedma. Retirada la lápida se observó una pequeña urna de un metro de longitud aproximada.
En el interior se encontraba un sudario, restos humanos y un papel que, luego de realizadas las investigaciones posteriores, resultó ser la ordenanza municipal que fue dictada por el presidente del Concejo Municipal, Ramón Rivero, en 1895, año en que se trasladó los restos de don Francisco de Viedma de la capilla de San Francisco a la capilla del hospital”.
Queda claro, de todo lo anterior, que la ciudad de Cochabamba, antiguamente conocida como Villa de Oropeza, recuperó los restos de su filántropo ex gobernador, y pudo reiniciar los homenajes que le correspondían, en virtud del trámite iniciado desde esta ciudad que orgullosamente lleva el nombre de su fundador.
Volvamos a los recuerdos de “Tito” Naím. “Nuestra máxima aspiración era traer esos restos a nuestra ciudad, pero dada la importancia histórica de don Francisco de Viedma para Cochabamba eso era imposible; y tuvimos que conformarnos con una urna conteniendo tierra de su sepulcro”.
Con respecto a este último detalle cabe señalar que cuando la base del monumento fue refaccionada, en el año 2024, no se encontró la referida urna.
Mucho convenio con poco resultado
Una última cuestión. En septiembre de 2008, cuando Jorge Ferreira era intendente municipal de Viedma firmó un acuerdo de hermandad institucional con el entonces alcalde de Cochabamba, Gonzalo Tercero Rojas. El propósito era profundizar los lazos de reconocimiento histórico a la figura de Francisco de Viedma y Narváez y estimular intercambio turístico, cultural y deportivo.
El convenio nunca se llevó a la práctica. Más recientemente, en noviembre de 2024, suscribieron un
documento de similar carácter los representantes viedmenses y cochabambinos de Skal Asociación Internacional de Profesionales de Turismo. Este cronista quisiera observar resultados, alguna vez.
Por Carlos Espinosa, abril de 2026. Para la elaboración de esta nota el autor tomó materiales de su propio archivo, publicados en el libro “Perfiles y Postales, crónicas de la historia chica de Carmen de Patagones y Viedma, 2005 y de la serie “Perfiles y Postales” en el diario en papel Noticias de la Costa, 2006-2011.
Se autoriza la reproducción citando al autor.
