Ciertamente las fechas fundacionales de hechos trascendentes en la historia política argentina nos interpelan constantemente.
La irrupción espontanea de los trabajadores en las calles como señal de emancipación de sus decisiones en término de defensa no solo de los derechos ganados y reconocidos sino también en defensa de quienes los transformó en protagonistas de sus propios destinos, marcó el inicio de una etapa sin vuelta atrás.
El 24 de febrero de 1946 la fórmula encabezada por Juan Domingo Perón ganaba las elecciones nacionales con casi el 54 por ciento de los votos.
Un año más tarde, el 24 de febrero de 1947 el Presidente Juan Domingo Perón, conmemorando el primer aniversario del triunfo electoral, proclama la Declaración de los Derechos del Trabajador.
Tal Declaración se constituyó en el Decálogo que formalizó los fundamentos que luego serían consagrados en la Constitución Nacional de 1949.
Se consagraba el Derecho a trabajar, a una retribución justa, a la capacitación, a condiciones dignas de trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección a la familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales.
Hoy a 79 años de aquella proclama histórica, revolucionaria y restauradora para los trabajadores argentinos, un proyecto de ley impulsado por un gobierno que recurre al “toma y daca” en el Congreso Nacional pretende avasallar aquellos derechos que trajeron dignidad al pueblo trabajador.
Si bien la historia nos cuenta que no ha sido éste el único embate que han sufrido los trabajadores, nunca antes había tenido tanta complicidad.
Esta gente (el gobierno de Milei), parece no conformarse con las medidas económicas dictadas y que cierran a diario fábricas, todo tipo de emprendimientos industriales, obras y ni hablar de supermercados por la caída del consumo, que ahora quiere también destruir derechos constitucionales jalonados por caminos de lucha.
Debería saber este gobierno que la complicidad obtenida de políticos flojos de principios, no la tendrá con los obreros en las fábricas, talleres, obras y comercios.
Deberían saber estos oligarcas liberales que la apertura de las importaciones que destruyen el empleo argentino tienen fecha de vencimiento. Esa fecha es la toma de conciencia de los trabajadores que cuando se exprese hará tronar el escarmiento.
