El próximo 17 de abril arribarán a Viedma las reliquias de Santa Mamá Antula, canonizada por el Papa Francisco.
La reliquia de primer grado de Mama Antula, consiste en pequeños restos óseos de la primera santa argentina, canonizada en 2024. Estos vestigios sagrados peregrinan por distintas diócesis y provincias argentinas, como San Luis, Corrientes y Misiones entre otras, para la veneración de los fieles, simbolizando su legado misionero.
La recorrida patagónica comenzó el 27 de septiembre del año pasado en Comodoro Rivadavia y el 17 de abril venidero llegará a la capital rionegrina luego de su paso por Rawson, Río Gallegos, Esquel, Bariloche, Neuquén y el Alto Valle.
Esta Peregrinación se convoca “como Misioneros de Esperanza entre los Pueblos” recordando una frase de la propia Mamá Antula : “Quisiera andar hasta donde Dios no es conocido para hacerlo conocer”
Su vida y Obra
El 7 de marzo de 1799, a los 62 años, cuando el Río de la Plata era un confín lejano del Imperio español y la fe se vivía más como resistencia cotidiana que como estructura consolidada, murió María Antonia de San José, la mujer a la que el pueblo llamaría para siempre “la Mama Antula”.
Su partida no clausuró una vida ejemplar: inauguró una historia que tardaría más de dos siglos en desplegarse y alcanzaría su punto cúlmine cuando el papa Francisco la canonizó
Para sectores del clero, su condición femenina y laica rompía un orden cuidadosamente establecido. Fue denunciada, interrogada, vigilada. Se intentó limitar su accionar, desacreditarla, reducirla al silencio. Se la acusó de fanatismo, de imprudencia, de extralimitarse. Nada de eso la detuvo.
Esa firmeza, sostenida en el tiempo, terminó produciendo un efecto inesperado: quienes la combatían comenzaron a reconocer la seriedad de su obra, la profundidad espiritual de los Ejercicios y el impacto moral que generaban en quienes los practicaban. Lentamente la oposición se transformó en tolerancia; luego, en colaboración.
El fruto más visible de esa perseverancia fue la construcción de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires. Levantar ese edificio, a fines del siglo XVIII, fue una verdadera proeza.
No había respaldo oficial ni recursos garantizados. Hubo donaciones pequeñas, trabajo comunitario, gestiones interminables, favores pedidos con paciencia y aceptados con gratitud. La Casa se convirtió en un centro espiritual sin precedentes en el Río de la Plata.
Murió un 7 de marzo hace 227 años, rodeada por su comunidad, sin honores oficiales, fiel a la pobreza que había elegido. Sin embargo, su muerte no pasó desapercibida.
La fama de santidad era tan fuerte que se decidió dejar constancia visual de su cuerpo. El artista Salas, conocido como “el Madrileño”, pintó entonces In corpore insepulto, un retrato post mortem que la muestra como era al final de sus días. No era un gesto menor.
En una época en la que el cuerpo solía ocultarse, ese retrato afirmaba que su vida merecía ser recordada tal como había sido: visible, concreta, encarnada. Fue sepultada en la Iglesia de la Piedad, en Buenos Aires, por la madrugada, el 8 de marzo, llevada por los albañiles que estaban construyendo la santa casa de ejercicios, con un entierro simple, de cruz sencilla que no dejará marca de su sepultura, pero debajo de su ataúd pusieron un leño de ñandubay (que aun se conserva en la santa casa) para marcar el lugar.
Con los años, su nombre sobrevivió más en la memoria popular que en los libros.
No fue casual que la canonización llegara bajo el pontificado de Francisco. En 2024, Mama Antula fue proclamada santa, convirtiéndose en la primera mujer argentina en alcanzar ese reconocimiento universal.
El gesto tuvo un peso simbólico profundo. Francisco canonizaba a una mujer que había desafiado estructuras, soportado persecuciones y construido comunidad desde abajo. En muchos sentidos, era una confirmación histórica de su propio camino pastoral.
Hoy, la tumba de Santa María Antonia de San José en la Iglesia de la Piedad es sobria, casi austera. No hay ornamentos excesivos ni gestos triunfalistas. Hay piedra, silencio y una inscripción que recuerda a quien caminó kilómetros para que otros pudieran caminar libres.
